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	<title> &#187; TOPOCRONICAS</title>
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	<description>Explorando las cavidades espeleologicas de Cantabria desde hace mas de 30 aÃ±os, incluida la Cueva de El Soplao</description>
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		<title>Through (18/11/2006)</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Nov 2006 18:16:24 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[CRONICAS DEL TOPO]]></category>
		<category><![CDATA[EXPLORACIONES]]></category>
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		<description><![CDATA[     A dÃ­a de hoy el Sur sigue soplando. Dentro de ti tambiÃ©n. Y dentro de mÃ­. Pero no te preocupes. Eso no significa nada especial. Tienes que acostumbrarte. No te va ocurrir nada. Las piedras resplandecen.
     El sol aparece enrejado. Una masa gris se agazapa en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>     A dÃ­a de hoy el Sur sigue soplando. Dentro de ti tambiÃ©n. Y dentro de mÃ­. Pero no te preocupes. Eso no significa nada especial. Tienes que acostumbrarte. No te va ocurrir nada. Las piedras resplandecen.</p>
<p>     El sol aparece enrejado. Una masa gris se agazapa en la frontera sur del valle. Ramales no reconoce su deseo. Tampoco ellos. Ni siquiera tu. CristÃ³bal hilvana ideas mientras Wichi mueve sus manos sobre las cosas. Profusas, las imÃ¡genes se reparten cubriendo las paredes. Nos sentamos con cuidado. Manu esta a mi izquierda. Wichi justo al frente, a menos de un metro.</p>
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<span id="more-355"></span></p>
<p>     Primero llega Pedro. Casi seguido Ãngel y BelÃ©n. Son mÃ¡s de las diez. Los pasteles calculan su trayectoria libremente. HÃ©roe del reparto, no tomo croissant con nata. Ellos se van al Valle de Mena. Mientras observo, engarzo una cuÃ±a en la historia. Voy a tomar chocolate. Mientras, Wichi coge sus cosas.</p>
<p>     Salimos por la puerta. Tiene un diseÃ±o peculiar. Regules. Luego La GÃ¡ndara. Hay una piedra gorda en la carretera. No respira apenas. Y Astrana al final. O al principio. RecordarÃ© la piedra â€“tranquilizo a Manu-. Todas las vacas andan rumiando. No ha lugar a invitaciones. </p>
<p>     Ahora estamos junto a los coches. Dos coches, cuatro personas. 2X2. Â¿Neopreno ya?, Â¿neopreno en la boca de la sima?, Â¿neopreno en el comienzo de las arrastradas?. Seguro que neopreno. Manu ya, los demÃ¡s en la boca. Un reparto inconsciente. Llevo un bidÃ³n dentro de otro cortado. Ajuste matemÃ¡tico â€“me dice Wichi-. SonrÃ­o.</p>
<p>     La hemos tenido que buscar. Sima del Mazo Chico escondida entre los brezos. Tenemos rico chorizo y rico pan. Rico neopreno. Rico reparto de chismes. TambiÃ©n tenemos un conducto rico con una ventanita al cielo. Y luego veo las primeras ricas cuerdas. CristÃ³bal cuelga ricamente. Manu observa todas las riquezas.  </p>
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      La vertical, corta, es acogedora. Los pensamientos claros,  los colores limpios. Y al revÃ©s. Otra vertical corta. Es un escaqueo. Eso o hacer el gusano cinco metros. Entramos de lleno: un pozo reverberante. Sesenta a ochenta metros de negrura. Se abre, amplio, magnifico. Para empezar un corto pÃ©ndulo, casi pasamanos, te pone las pilas. Una perfecta repisa te espera quince pisos mÃ¡s abajo. CristÃ³bal y la repisa estÃ¡n allÃ­.  El pozo se hunde hacia las profundidades. Setecientos metros de sima te esperan si vas por ahÃ­.</p>
<p>     Tenemos que cambiar de vÃ­a. Mientras Manu desciende CristÃ³bal prepara una seÃ±al catadiÃ³ptrica en este punto. Todo a la izquierda trata de decir. Cambia de vÃ­a, trata de decir.   </p>
<p>                 <!--adsense#Banner_468x60--></p>
<p>      Se le amontona a Manu el fraccionamiento. Un poco de paciencia. Un poco de comunicaciÃ³n con los aparatos. Bichos raros. Dressler, croll, puÃ±o. PuÃ±o, dressler, croll. Croll dressler, puÃ±o. Tres permutaciones y quedan otras tres. Una locura profunda. Evanescente. Y vano.</p>
<p>     El catadiÃ³ptrico se parte al apretarlo. Un poco de cinta y queda guapo. Miro a Manu. Quince metros mÃ¡s abajo. Otro fraccionamiento: otra jodienda.</p>
<p>     La sima nos vigila. Oigo su respiraciÃ³n alrededor de nosotros. EstÃ¡ viva. Me parece el camino hacia otro espacio diferente. Siempre me lo parecen.  Las simas. Hacia otros mundos posibles. Busco otros mundos. Huyo de este mundo. Complemento este mundo. Todos los mundos son el mismo mundo. Todos los mundos estÃ¡n en este MUNDO. Charlamos. </p>
<p>     Entramos en un meandro. Algo estrecho, obliga a llevar la saca colgando. O en la mano. Contorsiones y destrepes. Avanzo. Y retrocedo. Aparece otra cuerda de unos diez metros. La bajo. Luego aparece otra cuerda de unos diez metros. TambiÃ©n la bajo. Luego hay barro cremoso en el suelo de una sala. Lo piso. Luego hay un agujero negro. Me paro.</p>
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<p>      Estoy parado mirando a CristÃ³bal. Sobre el agujero negro dos catenarias de cuerda. Unos diez metros de altura cada una. La primera es amplia. La segunda estrecha. Veo a CristÃ³bal bajar hasta casi el punto bajo de la primera comba. Luego le veo jalar de la cuerda hasta alcanzar los anclajes. Inoxidables. Y le veo trincarse. No parece mÃ¡s complicado que otras veces. Un pÃ©ndulo muy abierto. Ahora me toca a mÃ­. Dudo. Â¿A que altura bloqueo?. El primer intento: demasiado alto, no llego. El segundo intento: demasiado bajo, necesito los dos brazos para mantenerme en posiciÃ³n, no puedo trincarme. El tercer intento: me pongo el croll y con el puÃ±o gano la partida.</p>
<p>     La otra comba es un paseo. Una ventana alta, meandrosa, por la que desagua un arroyo y una corriente de viento. Es el camino. Cincuenta metros mÃ¡s de ese camino. La galerÃ­a se inventa un cÃ³modo vestidor. AllÃ­ dejamos los aparatos, ropa seca -solo algunos- y los restos de comodidad. A partir de aquÃ­ deberemos arrastrarnos por el arroyo. Como sapos.</p>
<p>     Sigo a CristÃ³bal. Trato de controlar la mojadura. Dura. Tres arrastradas con entreactos discretos. Y llegamos a nuestro objetivo. La siguiente arrastrada es un laminador demasiado incÃ³modo. Una bonita travesÃ­a o una jodida travesÃ­a. Esa es la diferencia entre ensancharlo o dejarlo al natural. Desembalamos. Tenemos la taladradora, una pata de cabra, un puntero, una azadilla, un bidÃ³n-balde y un gordo martillo. Y grandes dosis de confianza.</p>
<p>     Poco tardan en llegar Manu y Wichi. CristÃ³bal devora un bocadillo. Yo devoro el tiempo. Wichi se pone a trabajar. Manu tambiÃ©n devora algo. La travesÃ­a serÃ¡ bonita. Al otro lado las nuevas galerÃ­as del Mortero del Crucero, el rÃ­o hasta la pequeÃ±a sima. Y su conexiÃ³n con La Calaca. Si serÃ¡ bonita. Veinte veces lo dirÃ­a.</p>
<p>     Al cabo de un tiempo interminable hemos sacado suficientes piedras. Hemos apilado las piedras. Hemos cavado el lecho del rÃ­o. Hemos engordado las tripas. Hemos vomitado veneno. Hemos tragado demasiado. Hemos participado en una rifa. Hemos pasado al otro lado.</p>
<p>     CristÃ³bal se da un paseo por allÃ¡. Luego recogemos todo. Nadie quiere desinstalar. Sacar cuerdas no apetece. Nadie salvo CristÃ³bal. Responsable y trabajador. Muy responsable. No podemos escapar de su sermÃ³n. Estamos atrapados por CristÃ³bal. De pronto Wichi cambia a su bando. Ã‰l va a tener que subir el taladro. Los demÃ¡s podemos sacar las cuerdas. No es para tanto. Se me enciende una lucecita. Yo subirÃ© la saca del taladro. Y mis cosas. Vale. Luego CristÃ³bal me endosa una cuerda de 10 metros. Protesto pero me lo paso bien.</p>
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<p>     Miro hacia arriba. Veo una lucecita. Le grito que se quede quieto. Estoy en la base del pozo largo Pueden caer piedras. Wichi me grita que es Chavi. Vale. La cabecera es algo delicada â€“por las piedras-. AllÃ­ esta Chavi. Hablo un poco con Ã©l. Y continÃºo. Me queda poco. Fuera ya, el viento se manifiesta. Es fresco. Pero menos que la corriente del Ãºltimo conducto antes de la boca. Sale Manu y de seguido CristÃ³bal y Chavi. Manu tiene frÃ­o. Nos vamos a cambiarnos al coche. Al pasar Entremazos el decorado cambia y el viento arrecia. Las lucecitas del valle titilan. El sur esta enfrente.</p>
<p>     CristÃ³bal se marcha corriendo. Ya llega tarde. Le echaran un rapapolvo. Los demÃ¡s paramos en La GÃ¡ndara a tomar unas cervezas. Luego seguimos el viaje. En Ramales es tarde de sÃ¡bado. No nos apetece pasearnos. Nos vamos hacia casa.     </p>
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		<title>CHIVOS  MUERTOS (11/11/2006)</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Nov 2006 18:09:32 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[CRONICAS DEL TOPO]]></category>
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		<description><![CDATA[TopocrÃ³nica con mucho futuro&#8230;
I.
     Â¡Hola, estamos subiendo a Lunada!. MogollÃ³n de niebla. 11ÂºC. La carretera se estrecha hasta un pelÃ­n y conduzco con pies de uranio. Estoy harto de subida. 10ÂºC. Manu no para de tararear un esquema musical que a veces me recuerda a un conocido bolero. Son ya las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>TopocrÃ³nica con mucho futuro&#8230;</p>
<p>I.</p>
<p>     Â¡Hola, estamos subiendo a Lunada!. MogollÃ³n de niebla. 11ÂºC. La carretera se estrecha hasta un pelÃ­n y conduzco con pies de uranio. Estoy harto de subida. 10ÂºC. Manu no para de tararear un esquema musical que a veces me recuerda a un conocido bolero. Son ya las diez y media. 8ÂºC. De porrazo aparecen entre la niebla un mogollÃ³n de coches aparcados a la derecha de la carretera. No queda apenas sitio para meter otro. Viene corriendo un tipo a preguntarnos si mÃ¡s abajo, en direcciÃ³n a Cantabria, despeja la niebla. Le desilusionamos sin compasiÃ³n. Aparcado, contemplo las pocas ganas de Manu. Cambiar de indumentaria y soplar viento del norte que te moja. Hacer frÃ­o y caer chirimiri. Le dejo que se explaye. Y despuÃ©s de escuchar varias premoniciones de desastre abandono la idea de ir hacia Bustalveinte arrastrando su falta de entusiasmo.</p>
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<p>     Con alivio Manu sigue tarareando la misma canciÃ³n mientras descendemos hacia San Roque. Ya cerca del pueblo submergemos de la niebla y podemos ver el paisaje. Las morrenas se aclaran. Atrevesando un rebaÃ±o de cabras guapas nos creemos cerca del espÃ­ritu de la montaÃ±a. Luego se embarranca el Miera. MÃ¡s cabras con pastores, pastorcillos y cabritillos. Paro. Por nuestra ladera desemboca un barranquito coqueto. En la otra ladera del valle hay un conjunto de agujeros llamativos. Ya los habÃ­a mirado con interÃ©s en otras ocasiones. Pregunto a los pastores. Me encaminan a la Cueva de los Moros. Se la ve flotar por encima de unas cabaÃ±as cerca de Calseca. Â¿No es la cueva que vinculan con Canto Encaramao?.  Bajo un poco y aparco en un ensanche. Abajo el RÃ­o Miera forma unas pozas transparentes y golosas. Y nos colocamos encima los monos de espeleo.</p>
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<span id="more-354"></span></p>
<p>La cornisa						Pozas en el Miera	</p>
<p>II.</p>
<p>     La pendiente es fuerte. Un par de fotos en las pozas de abajo. Como una promesa de venir a baÃ±arme en tan guapo lugar. Como la aceptaciÃ³n completa. Mojarse. El rÃ­o, abajo, ha tallado un enorme desplome dominado por paredes. Arriba,  cornisas estrechas o menos estrechas. Montones de cagarrutas como seÃ±ales de un camino practicable. La senda, por la cornisa, tiende a ser cÃ³moda.</p>
<p>     Nos colocamos encima de la enorme oquedad que exhibe la ladera. No hay bajada directa. Avanzamos un tanto mÃ¡s. Miramos veinte metros arriba de la canal. Descendemos hasta otra cornisa. Volvemos atrÃ¡s. La oquedad es eso, solo una oquedad. La enorme galerÃ­a que la forma esta perfectamente colmatada por sedimentos al fondo. Un estrato de varios palmos de grosor se extiende tapizando toda la cueva de mierda cabruna. </p>
<p>Mierda Cabruna</p>
<p>     Retomamos la senda por la cornisa. Cien metros mÃ¡s. Llegamos al porche de otra cueva. Sale aire frÃ­o. Se avanza sin problemas hacia el interior. Encendemos los leds. Entramos hacia dentro de la tierra sintiendo el chorro de aire en la cara.   </p>
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<p>III.</p>
<p>      Una cueva que se presenta a sÃ­ misma con un hito un reloj parado y viento. Extraordinaria impresiÃ³n. No miro la hora del reloj. La  primera bifurcaciÃ³n. Nos vamos por la izquierda. Salita. MÃ¡s bifurcaciones. Un meandro estrecho y ascendente, mas o menos, hacia el norte. Al cabo de unas decenas de metros se acaban todas las posibilidades de continuar por allÃ­. Volvemos mirando pequeÃ±as galerÃ­as. Pasamos de nuevo por el reloj. Nos metemos hacia lo que parecen anchas galerÃ­as meandrosas. AsÃ­ es. La impresiÃ³n es de todo grande, todo laberÃ­ntico.</p>
<p>      La hermosa galerÃ­a promete hacia el norte y hacia el sur. Nos vamos al norte. Saltamos un desfonde. Dejamos varios desvÃ­os para mirar despuÃ©s. Bajamos por una amplia arenera hasta el cauce de un riachuelo. Ahora solo tiene humedad. Me pregunto el sentido de las aguas. Manu mira tambiÃ©n sin decidirlo. Avanzamos rÃ¡pido. Comienza una zona cuestosa. Una pequeÃ±a trepada y alcanzo una colmataciÃ³n caÃ­da de una chimenea. No es posible seguir. Ya volviendo escalo un resalte y alcanzo una gran chimenea por la que no se puede avanzar. Poco mÃ¡s allÃ¡ destrepo hasta un meandrillo que se sifona por un pequeÃ±o charco. Nada que hacer.</p>
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<p>      Un poco mÃ¡s atrÃ¡s volvemos al enlace con la salida y nos metemos por debajo hacia un nivel inferior. Lo alcanzamos por un cordino que alguien dejo. Me sorprende la liada de galerÃ­as. Yendo hacia el sur la galerÃ­a se simplifica. Termina convertida en un tubo de presiÃ³n por el que se avanza sin dificultades. Luego aparecen un par de resaltes, subida y bajada, para volver a convertirse en tubo. Finalmente emergemos a una galerÃ­a grandona por una gatera bastante justa.</p>
<p>      Hacia la derecha la galerÃ­a se va estrechando hasta que una colmataciÃ³n por sedimentos arenosos nos dice que no. Hacia la izquierda hay varios niveles que parecen entrelazarse. Avanzamos hasta llegar a una zona de bifurcaciones mÃºltiples, confusa, con seÃ±ales en varias direcciones. Me siento un poco perdido. O liado. Decidimos volver hacia la gatera.  Sin embargo tengo la impresiÃ³n de que hemos pasado ya por aquÃ­. </p>
<p>                             Hito, higrÃ³metro y Manu </p>
<p>      Manu mira el reloj del hito. No es un reloj. Un termÃ³metro tampoco es. Â¿Un higrÃ³metro?. Marca, parece que funciona, la humedad ambiental al 90%. Perfecto. Nos damos unas vueltas por las galerÃ­as que rodean este punto y descubrimos que todas desembocan por balcones altos encima de la ancha galerÃ­a del comienzo&#8230; </p>
<p>El HigrÃ³metro </p>
<p>      El sol ha salido y nos ha engaÃ±ado tontamente. El dÃ­a hubiera permitido ir hacia Bustalveinte&#8230;Pero quizÃ¡s nunca habrÃ­amos conocido la cueva de los Chivos Muertos. Ni la posible apertura de un barranquito, enfrente de esta cueva, en la otra ladera del valle. De todas formas, por aÃ±adir razones, luego vuelve a nublarse y a lloviznar. No hay nada especial. Solo el flujo que pasa. TaladrÃ¡ndonos el cerebro (o el alma?). </p>
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<p>     Cuando vuelvo a casa miro el libro de Pepe LeÃ³n:</p>
<p>     Cueva de los Chivos Muertos.</p>
<p>     Curiosa. Parece que tiene otra entrada, travesÃ­a cortita.</p>
<p>     HabrÃ¡ que comprobar los flujos de aire</p>
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		<title>MUNIO (28/10/2006)</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Nov 2006 17:47:53 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[TOPOCRONICAS]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta topocrÃ³nica es realmente interesante, sobre todo porque es la primera vez que nuestro amigo Antonio invita a otros a escribir y colaborar en una parte de la historia.. ya sabÃ©is, para eso estÃ¡n los comentarios&#8230;. Aprovechar.. que estas oportunidades solo se presentan una vez en la vida!!

I.
     Ayer nos reunimos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta topocrÃ³nica es realmente interesante, sobre todo porque es la primera vez que nuestro amigo Antonio invita a otros a escribir y colaborar en una parte de la historia.. ya sabÃ©is, para eso estÃ¡n los comentarios&#8230;. Aprovechar.. que estas oportunidades solo se presentan una vez en la vida!!</p>
<p><!--adsense#Banner_468x60--></p>
<p>I.</p>
<p>     Ayer nos reunimos en el Polideportivo de la Universidad Noelia, Pablo, Eduardo, Rafael, Julio y Susana. Tardamos en fijar el objetivo de la salida. Por un lado estaba el tema de Mazo Chico &#8211; Crucero. Descartado por demasiada gente y demasiada complicaciÃ³n. El paso que puede sifonar estÃ¡ aun sin desobstruir. Por otro lado se barajaba la posibilidad de ir al Cuivo â€“ Mortero. A mi no me apetecÃ­a por demasiado remojÃ³n de agua frÃ­a, todo el tiempo con neopreno. Finalmente la posibilidad que prospero fue la travesÃ­a Torca del Hombre â€“ RÃ­o Munio. TravesÃ­a corta y sencilla, la dificultad esta en las dos horas y media de aproximaciÃ³n por un cuestÃ³n tremendo. La torca estÃ¡ en el HelguerÃ³n.</p>
<p><span id="more-353"></span></p>
<p>     Nadie tenÃ­a ganas de pensar en preparativos de espeleo. Como cualquier otro viernes por la noche. Sin embargo Julio llevo a Susana a su casa (tenÃ­a prisa por preparar los trastos de la salida). Luego se junto conmigo, Pablo y Noelia en el bar de enfrente del Polideportivo. Estuvimos hablando de viajes. Entre otros de la ascensiÃ³n de Pablo y Noelia al Kilimanjaro. AclimataciÃ³n sÃºbita a la altitud es la tÃ©cnica utilizada por los organizadores del treking. TambiÃ©n hablamos de mi primer viaje de buceo al Mar Rojo. Pececitos de colores. La envidia de todo el mundo al que se lo cuento. </p>
<p>II.</p>
<p>     Hemos quedado a las ocho y media en la gasolinera Adelma en Hoznayo. Voy muy retrasado. Me llaman para requedar en Solares. Pero al final volvemos a quedar en Hoznayo. MoisÃ©s y Susana vuelven a Santander a por algo que se les ha olvidado. Volvemos a quedar en Arredondo.</p>
<p>     Rafael, Eduardo, Manu y Julio vienen en mi coche. Nos vamos por Ramales. MoisÃ©s y Susana van por Alisas. En Arredondo Manu se compra un bocata y vemos a MoisÃ©s pasar de largo hacia AsÃ³n. Andamos al traspiÃ©s.</p>
<p>     Finalmente nos encontramos en el aparcamiento de AsÃ³n. Lleno de vida. Hay mucha gente comenzando excursiones. Nos enrollamos a preparar cosas: reparto de colectivo: cuerdas de 60, 40 y 45, equipo de espitar y dos morcillas de carburo. Ya parece todo preparado. Nos vamos suavemente hacia RolacÃ­as.</p>
<p>     En la primera casa esta un hombre muy mayor que vive con tres ancianos mÃ¡s y un niÃ±o que podrÃ­a ser su nieto. Este hombre me llama poderosamente la atenciÃ³n siempre que le veo. Su forma elegante de envejecer. Su mirada es intensa y clara. La mayorÃ­a de los ancianos a los que miro a los ojos me devuelven una mirada sin brillo en la que no deseas bucear. En la segunda casa no aparece nadie. Ni siquiera los perros. Seguimos adelante.</p>
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<p>     Entramos en el bosque. MoisÃ©s lleva su pequeÃ±a Olympus en ristre. Se adelanta y se pone a los laterales para hacernos fotos. Finalmente dejo de hablar. AsÃ­ me canso menos. El bosque esta seco. Parece verano en vez de otoÃ±o.</p>
<p>     Al llegar a la confluencia del barranco que viene de la Sota paramos. El calor arrecia. Comienza a escucharse un ruido que va aumentando de volumen. Al principio pensamos en algo volador. Enseguida descubrimos nuestro error. Empiezan a llegar motos de trial que nos sobrepasan y siguen hacia arriba. Tras un primera tanda de unas quince motos viene una segunda tanda y despuÃ©s una tercera y despuÃ©s un cuarta y despuÃ©s&#8230; Finalmente llegan algunos rezagados. En particular llega uno que anda algo mal. Un par de compaÃ±eros le van esperando.</p>
<p>     Hemos salido del bosque. El sol nos castiga sin misericordia. Seguimos muy de cerca al motorista rezagado y varias veces le adelantamos en sus descansos. Las motos se han acumulado en un tramo de la senda algo vertiginoso. Vamos ganado altura como podemos. Finalmente nos separamos de la ruta principal, por la que siguen las motos, y nos metemos hacia el HelguerÃ³n.</p>
<p>     Hacemos un descanso bajo la sombra del contrafuerte que sostiene la meseta del HelguerÃ³n. Al poco llegan Julio y Susana. Nos ponemos en marcha hacia las cabaÃ±as. Desde la Ãºltima penetramos en el bosque de hayas que llena un pequeÃ±o vallecito. CruzÃ¡ndolo en diagonal hacia su margen derecho y siguiendo la pequeÃ±a pared que lo cierra nos encontramos con la boca de la Torca del Hombre. Aspira aire de forma manifiesta.</p>
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<p>     Comemos. Nos preparamos. Un colchÃ³n de hojas de haya se traga los objetos&#8230;</p>
<p>(((((((((((((((((((((((((((((((((((((((((((((((((((((este espacio esta reservado para que los lectores escriban su propio trozo de historia; si alguien desea conocer el trozo que yo he escrito deberÃ¡ solicitÃ¡rmelo personalmente                                                                                                                             </p>
<p>                                                ))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))))) </p>
<p>III.</p>
<p>     Al comienzo todo va pesado. Yo tambiÃ©n llevo algo que pesa. Me veo dando voces a Manu, que viene detrÃ¡s ayudando a las cuerdas a moverse. Tardan. Empiezo a pensar que saldremos tardÃ­simo por la boca de RÃ­o Munio. A las doce de la noche quizÃ¡s. Preparo el primer pozo pasando la cuerda de sesenta por los dos maillons en vez de atar extremos y lanzar el mazo. De esa forma baja uniforme por el aÃ©reo sin posibilidad de engancharse. Por fin consigo terminar. Manu me estÃ¡ mirando. Le doy las Ãºltimas recomendaciones. Me bajo en el ascensor.</p>
<p>     Rafael baja al cabo de un rato. Eduardo tarda tanto que me inquieto: aterriza con las cuerdas liadas a todos los trastos que lleva. Ha estado haciendo fotos. Julio y Manu aterrizan sin novedad. El pozo, de casi sesenta metros, es un disfrute.</p>
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<p>     Siempre que comienzo una travesÃ­a me inquieta la no marcha atrÃ¡s. Los anclajes del segundo pozo (12m) estÃ¡n muy oxidados y cutres. Los del tercero (8m) tampoco estÃ¡n mejores. Luego busco los del Ãºltimo pozo. Me cuesta un par de minutos recordar que hay que destrepar por un estrecho meandro unos metros y luego recorrerlo hasta alcanzar la cabecera.</p>
<p>     Algunos anclajes de este cuarto pozo estÃ¡n en pÃ©simo estado. Sobre todo uno de los maillons que aseguran el pasamanos se ha reducido a un montÃ³n de Ã³xido a punto de cascar. Por suerte los anclajes fundamentales del pozo son parabolts que exhiben una salud pasable. De cualquier forma es una travesÃ­a que, en breve, deberÃ¡ reinstalarse con acero inoxidable.</p>
<p>     Este pozo (de entre 30 y 40 metros) te deposita en una sala cubierta de bloques al fondo de la cual murmura un arroyo. El recorrido principal sigue este arroyo hasta su confluencia con el torrente de RÃ­o Munio. Conlleva el paso de algunos laminadores bajos que, a veces, sifonan en crecidas. En principio esta ruta, que ya hice con CÃ©sar hace unos aÃ±os, es la  usual. Pero existe otra. Al llegar a una sala mediana el arroyo continua por una amplia galerÃ­a de techo bajo. Sin embargo la apariciÃ³n de unos hitos que nos sacan del arroyo nos engatusa. Los seguimos.</p>
<p><!--adsense#Banner_468x60--></p>
<p>     Al principio resulta muy evidente el recorrido. Varias anchas galerÃ­as. Pero de pronto todo se acaba en un cul de sac. Volvemos atrÃ¡s y rebuscando unos segundos encontramos la continuaciÃ³n. Toda la corriente de aire se va por una pequeÃ±a galerÃ­a. Una sucesiÃ³n de estrecheces y salitas nos lleva por un camino ascendente hasta una ventana arenosa sobre el RÃ­o Munio. Hemos llegado al BalcÃ³n. Un resalte de unos quince metros equipado con dos fijaciones nos permite alcanzar el rÃ­o.</p>
<p>     Nos queda un paseo por anchas galerÃ­as acompaÃ±ando al RÃ­o Munio. Sorteando los pequeÃ±os lagos que se forman. Y cuidando de no resbalar sobre la arenisca pulida o sobre los bloques. Especialmente resbaladizas son las rocas de la salida, hÃºmedas y con una pÃ¡tina vegetal.</p>
<p>     Son las seis. Hemos tardado mucho menos de lo que esperaba. Nos desperezamos en la agradable tarde otoÃ±al. Pero no nos dormimos. Comenzamos el descenso que haremos sin pausa hasta el aparcamiento. Mientras nos cambiamos, junto a la carretera, aparece un viejo compaÃ±ero de escaladas y charlamos de todo un poco. Terminamos tomando unas cervezas en el bar Coventosa de AsÃ³n. Y, luego ya, escuchando blues de Tom Waits mientras volvemos hacia Santander. </p>
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		<title>CANCIONES</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Oct 2006 17:29:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>scc</dc:creator>
				<category><![CDATA[CRONICAS DEL TOPO]]></category>
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		<description><![CDATA[Interesante nueva crÃ³nica en nuestra secciÃ³n de ORO, TOPOCRONICAS  , sobre todo el asunto del humo seÃ±alizador que no me ha quedado muy claro, y el encuentro con la amanita que tampoco se como habrÃ¡ terminado&#8230; alguien lo sabe..

I.
     Me empuja. No sÃ© de donde viene. Una intensa fuerza. DecidÃ­ [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Interesante nueva crÃ³nica en nuestra secciÃ³n de ORO, TOPOCRONICAS <img src='http://cibertaller.com/scc/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':-)' class='wp-smiley' /> , sobre todo el asunto del humo seÃ±alizador que no me ha quedado muy claro, y el encuentro con la amanita que tampoco se como habrÃ¡ terminado&#8230; alguien lo sabe..</p>
<p><!--adsense#Banner_468x60--></p>
<p>I.</p>
<p>     Me empuja. No sÃ© de donde viene. Una intensa fuerza. DecidÃ­ recuperar mi saco de dormir hace dos dÃ­as: un 1 kilogramo de excelente plumÃ³n, marca GÃ¡lvez. Reposa desde hace dos aÃ±os en el campamento de la Sala de Titanes.</p>
<p>     Camino rÃ¡pido y sin pausa. Concentrado en el horario que me he fijado mentalmente. Garma Ciega a las cuatro y media. He salido del IES Ricardo Bernardo a las dos y media. Atascados, los coches y los autobuses escolares, pugnan por encontrar su huida. Voy retrasado. Viernes veinte de octubre.</p>
<p><span id="more-352"></span></p>
<p>     El oÃ­do alerta. La niebla impone su carÃ¡cter a pinceladas. Veo huellas de un cÃ¡nido grande en el camino entre Mazos. Y luego en el borde de Cellagua. No me gustarÃ­a encontrarme con un mastÃ­n guardiÃ¡n. Los lobos los descarto. Caballos pastando y algunas vacas me calman la inquietud.</p>
<p>     Dejo el paraguas en el hueco de un haya. El bosque me hace dudar. La cÃ¡lida hojarasca ha borrado los relieves. El lapiaz se presenta traicionero. Al resbalar me asusta un agujero poco profundo disimulado por las hojas.</p>
<p>     Un poco de comida: barritas, chocolate, un mendrugo de pan&#8230; La Tika y baterÃ­as de repuesto. Una botella de Aquarius medio llena y un poco de agua en otra botella. El carburero en el fondo de la saca.</p>
<p>     La primera cuerda, a cielo abierto, negra,  apenas deja correr al dressler: hinchada.  La segunda, en la penumbra, blanca, ha sido colonizada por lÃ­quenes y algas verdes. La tercera, blanca, cruje como una vieja barca de madera. La cuarta ya no me llama la atenciÃ³n. Sigo hacia abajo. Las operaciones se van automatizando. Cada vez mÃ¡s simples. O eso parece.</p>
<p>     Canto. Cantar en la oscuridad. Cantar para evitar el miedo. Cantar para huir de la soledad. A mitad de sima un pÃ©ndulo a la derecha exige un esfuerzo mayor que los demÃ¡s. MÃ¡s abierto el Ã¡ngulo, mÃ¡s dificultad. Un nudo de enlace entre cuerdas hace incÃ³modo el aterrizaje en uno de los Ãºltimos pozos.</p>
<p>     Espero el estrecho meandro como un soldado la batalla. Me sorprende el equipamiento actual. El trÃ¡nsito es mÃ¡s cÃ³modo que la Ãºltima vez que bajÃ©.  Apenas un chorrillo de agua lo recorre. Contrasta la poca agua que hay abajo con la humedad y los charcos en la superficie. Me lanzo con entusiasmo hacia Titanes. Todo esta seÃ±alizado pero, a pesar de ello, todo es confuso para mÃ­ entre el rÃ­o y Titanes.   </p>
<p><!--adsense#Banner_468x60--></p>
<p>II.</p>
<p>     Son  casi las siete. Titanes parece inmutable. Solo el silencio cambia. La tienda de campaÃ±a no cambia. Hurgo dentro de los bidones en busca del saco. Luego me fijo en un plÃ¡stico muy bien puesto: es el envoltorio del saco.</p>
<p>     Me siento durante un rato. Mientras descanso como algunas chucherÃ­as.  Al poco estoy inquietÃ¡ndome. Preparo el petate  con el saco al fondo. Pongo en marcha el carburero al ralentÃ­. Hasta el momento solo he tirado de leds. Ahora me apetece mÃ¡s luz. Pienso en la incomodidad del carburero colgando de la cintura toda la sima arriba.</p>
<p>     Decido prescindir de la velocidad. Intento practicar el movimiento consciente. Como tai-chi. No importa el objetivo, sino el movimiento en sÃ­.  Me muevo en el meandro mejor que otras veces. Se me escapa de las manos el  esfuerzo en un tramo. Me estreso.</p>
<p>     Vivo la base de los pozos como una tregua. Los primeros pozos me permiten impulsarme rÃ­tmicamente. Son limpios y amplios. Canto. Cantar para huir de los oscuros pensamientos. Cantar para hacerme compaÃ±Ã­a. Â¿Cuatrocientos metros cantando?</p>
<p>     La llegada a la ruta fÃ³sil con barrillo cremoso me anima. Creo que, mentalmente, he dividido la sima en tres tramos. El tramo segundo es hasta el Comedor. Se me hace largo. Aun confuso, lo que recuerdo de otras veces coincide. La llegada al Comedor crea el sentimiento de que estas cerca de la salida.</p>
<p>     Durante un minuto confundo una pared, treinta metros sobre mÃ­, resplandeciente por las gotitas de agua, con la claridad del cielo. No me importa ya. Siento la salida. Todo esta salpicado de hojas de haya secas. Algunas ramas y tronquitos se han colado casi cien metros en la profundidad. Montones de barro negro tapizan las bases de los Ãºltimos pozos. Materia vegetal descompuesta.</p>
<p>     El cielo cuajado de estrellas. Son casi las once. Calidez en el aire. Primero el bosque con cuidado y luego a pasos alargados y cÃ³modos. Bajo sin pausas. Las vacas me miran con ojos brillantes desde la oscuridad. Los caballos huyen espantados. El carburero a tope de luz. No hay problema de que se acabe. El viento agita la llama protestona. Si los lobos supieran lo fÃ¡cil que es cazar a un humano&#8230; Pero el fuego les asusta. Â¿Por que no lo intentaran nunca?</p>
<p>     Con mucha calma me cambio de vestimenta. Bajando hacia Astrana empiezo a recibir mensajes en el mÃ³vil. Me paro. SMS: he salido bien. A Marisa y a Julio.            </p>
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<p>III.</p>
<p>     Me acuesto pero duermo poco. Tres horas y estoy despierto con ganas de salir disparado; Â¿estrÃ©s quizÃ¡s?  Â¿O esa fuerza intensa? Â¡QuÃ© fuerza y que narices! A las ocho y media estoy en Solares con MoisÃ©s y Susana. Hoy es sÃ¡bado. Hemos quedado con un grupo del AER en Ramales.</p>
<p>     Ãngel, Olarra, Chavi, P.Merino y BelÃ©n estÃ¡n en Ramales esperÃ¡ndonos. Hay algo de prisa. A las diez debemos estar atentos en la ladera del AsÃ³n. En el fondo de la sima Wichi y CristÃ³bal se disponen a iniciar la prueba. Esta maÃ±ana, a las seis y media, han entrado a Garma Ciega con varios botes de humo, hierbas secas para quemar y energÃ­a personal sobrada. Â¿Llegaran en tan poco tiempo hasta la zona del sifÃ³n? Los que saben dicen que sin problemas.</p>
<p>     Nos vamos en tres coches: el de Chavi, el de P.Merino y el de MoisÃ©s. La carretera del AsÃ³n tiene varios puntos adecuados para aparcar: la cantera, un par de mÃ¡rgenes, la cuevita. Nos repartimos de forma confusa. Chavi y Ãngel cerca de La Fresca mirando desde enfrente con prismÃ¡ticos. Olarra en la carretera haciendo largos. El resto diseminados por el bosque y moviÃ©ndonos por zonas. Son las diez.</p>
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<p>     Luego son las once. Sigo dÃ¡ndome paseos y mirando. Los walki-talkis no tienen pilas. Encuentro una amanita panterina en el bosque. Me pregunto cuales serian los efectos de comÃ©rmela.  Luego son las doce. Me bajo a la carretera a dar un largo y ver el panorama general. Me pregunto si  tendremos un tope de tiempo. Vuelvo a subir a mi zona. Entre las ramas de las encinas observo a Ãngel y a Chavi que me observan a su vez.</p>
<p>     Luego es la una. Me bajo definitivamente. Como un  goteo van apareciendo todos al lado de los coches. MoisÃ©s ha visto humo blanco y Susana tambiÃ©n. La zona por la que lo vieron esta algo desviada al sur de las expectativas. Pero las cuevas son impredecibles. Una primera inspecciÃ³n no arrojo ninguna cueva, ni fisura, con soplo.</p>
<p>     Se ponen a comer allÃ­ en contra de mis deseos. Tengo hambre de cocido y de mesa puesta. Aguanto como puedo mientras devoran fiambre y quesos con pan. Para distraer la mente exploro las posibilidades del macro de mi cÃ¡mara Olympus. Le hago una foto a una crÃ­a de lagartija. Al cabo de una hora nos bajamos al bar Coventosa. Mientras toman cafÃ©s, chupitos y juegan al futbolÃ­n pido un cocido y una ensalada mixta. TambiÃ©n tomo postre.</p>
<p>     Por la tarde volvemos a la carga. Â¿Por donde saliÃ³ el humo de color blanco? Le pregunto a Ãngel de que color es el humo de los botes: NARANJA. Botes de salvamento&#038;rescate. El humo de los botes es blanco hasta que se sabe que es naranja. Queda la posibilidad del humo de las hierbas secas. O de que al diluirse el naranja se confunda con el blanco. Hurgamos por doquier. Los tojos me martirizan a la bajada. Demasiado.</p>
<p>     Ahora estamos junto a los coches. Todos comentan y charlan. Pero yo estoy con pocas ganas de hablar. QuizÃ¡s aburrido. Y algo cabreado sin razones claras. Â¿El estrÃ©s quizÃ¡s?.  A la vuelta cabeceo en el coche mientras hablamos de humos blancos y de humos naranjas. </p>
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		<title>LA BUENITA</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Oct 2006 17:27:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>scc</dc:creator>
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		<description><![CDATA[I.
     Tras un parÃ©ntesis, debido a las actividades en la pared de Zigal, vuelvo a la speleo a primeros de Octubre del 2006  -el sÃ¡bado, 7-  con una salidita promocionada por MoisÃ©s. El  poder de convocatoria del viernes+tarde reuniÃ³ a un grupito numeroso  pero no aplastante  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>I.</p>
<p>     Tras un parÃ©ntesis, debido a las actividades en la pared de Zigal, vuelvo a la speleo a primeros de Octubre del 2006  -el sÃ¡bado, 7-  con una salidita promocionada por MoisÃ©s. El  poder de convocatoria del viernes+tarde reuniÃ³ a un grupito numeroso  pero no aplastante  -MoisÃ©s, Susana, Javier, Chino, Eduardo y su hermano, y dos chicas del Ãºltimo cursillo de las que  no recuerdo el nombre-  en donde siempre. Ya habÃ­a llovido con ganas el viernes y daban lluvias para el sÃ¡bado. VolviÃ³ a surgir el tema de una cuevita que esta al lado del bar La GÃ¡ndara. La Buenita es en realidad una mina de plomo y zinc explotada desde la colonizaciÃ³n romana hasta hace pocos aÃ±os. La mina Buenita intercepta en varios puntos una cueva de amplias galerÃ­as que recibe el mismo nombre. La Cueva Buenita, por su direcciÃ³n y su posiciÃ³n en la depresiÃ³n del Hoyo CobijÃ³n (Â¿o CovijÃ³n?), podrÃ­a haber sido una entrada, ahora fÃ³sil, del rÃ­o que actualmente se sume en la Cueva de UdÃ­as. En esta Ãºltima cueva la red de entrada se acerca lo suficiente a La Buenita como para acariciar la idea de conectarlas. Â¡Y asÃ­ eludir la salida por la cloaca en la que han convertido el sumidero que constituye la entrada principal de la Cueva de UdÃ­as!. De esta forma se podrÃ­a constituir una interesante travesÃ­a que entrando por la Torca de la Luna Llena y continuando por la zona mÃ¡s espectacular de la Cueva de UdÃ­as acabase, finalmente, por La Buenita. Esta ilusiÃ³n que infecta a MoisÃ©s desde hace meses podrÃ­a ser contagiosa en algunos casos. </p>
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<p><span id="more-351"></span></p>
<p>II.</p>
<p>      Manu estaba en su furgoneta, verde manzana por fuera y roja por dentro, esperÃ¡ndome en el aparcamiento de la gasolinera de MonpÃ­a. Como habÃ­a lloviznado le pedÃ­ que fuÃ©ramos en la furgoneta por si habÃ­a que cambiarse dentro de un coche. Al cabo de un rato recibimos una llamada de Susana. Nos dijo que aÃºn estaban en Comillas, que les esperÃ¡semos en el bar La GÃ¡ndara. La noche anterior el autocontrol de Manu para poderse levantar pronto habÃ­a dejado como resultado solo tres mojitos en su fiestecita particular. Se quejo amargamente de que podÃ­a haberse quedado toda la noche tomando mojitos en vez de madrugar. Bueno, a decir verdad quedar antes de las 10 de la maÃ±ana el sÃ¡bado es un madrugÃ³n. ReciÃ©n llegados al aparcamiento del bar estuvimos sopesando la idea de entrar a tomar algo. Pero antes de que pudiÃ©semos ejecutar nuestra intenciÃ³n apareciÃ³ la pareja en su â€œnuevoâ€ Opel, prestado por un concesionario que estÃ¡ arreglando el bollo del otro Opel. Nos cambiamos allÃ­ mismo con el suelo oliendo a tierra mojada y el bosque de castaÃ±os vestido de otoÃ±o. Con una calma que se me colÃ³ dentro.  En el maremagno de material Susana no encontraba su mono exterior MTDE. QuizÃ¡s olvidado en Comillas o en Santander. MoisÃ©s le dejo el suyo y se quedo solo en mono interior azul.   </p>
<p>III.</p>
<p>     La marcha de aproximaciÃ³n consiste en recorrer 100 metros de carretera, saltar el quitamiedos, bajar 10 metros y volver hacia atrÃ¡s menos de 50.  Total 3 minutos. La boca de la mina esta tapiada con un muro de hormigÃ³n, pero en su base, a la derecha, hay un pequeÃ±o agujero soplador por el que se puede entrar. A pocos metros  de la entrada el conducto minero tiene una bifurcaciÃ³n a la izquierda. No mucho mÃ¡s allÃ¡, por la bifurcaciÃ³n, se puede observar una pequeÃ±a oquedad que deja penetrar la luz desde el exterior.</p>
<p>     En lÃ­nea recta, viendo la luz de nuestra entrada en la lejanÃ­a, nos adentramos por el conducto principal topografiando con el medidor lÃ¡ser. En realidad mientras dos personas se dedicaban a esa tarea yo me puse a mirar desviaciones. Al principio nos confundimos y tomamos un conducto que no nos conducÃ­a a la cueva. Al volvernos fuimos tirando los hitos que habÃ­amos puesto para no perdernos en el laberinto de conductos mineros. Pronto recordÃ³ MoisÃ©s el camino adecuado. Tomamos una desviaciÃ³n a la izquierda que nos llevo en unos minutos hasta una galerÃ­a grande -en algunos sitios 10&#215;10 metros-  con formaciones de un blanco cristalino similares a las del Soplao.  Topografiando la gran galerÃ­a, avanzamos con facilidad y proseguimos un buen rato mirando varias desviaciones a la izquierda que no dieron resultado. Pasamos por el borde de un pozo que habrÃ­a que mirar; no vaya a ser que conduzca a la red activa y por ahÃ­ a UdÃ­as (hay que tener en cuenta que el nivel de la cueva de UdÃ­as se encuentra unos 30 metros por debajo de La Buenita).</p>
<p>     Un poco mÃ¡s allÃ¡ la galerÃ­a parecÃ­a acabarse en una colmataciÃ³n de guijarros; pero los mineros excavaron en ese punto un pequeÃ±o conducto artificial ascendente que desemboca en una amplia sala. Hurgamos por el borde de esa sala sin resultados positivos. Profundizando hacia el techo con los focos pudimos observar una galerÃ­a colgada a la que puede llegarse con una escalada en travesÃ­a. AÃºn hicimos varias comprobaciones por un rincÃ³n en el que se hundÃ­a una estrecha fisura hasta asegurarnos que desembocaba abajo en la galerÃ­a principal de la cueva. Ya de vuelta tomamos la prolongaciÃ³n mÃ¡s obvia por la mina hasta un pequeÃ±o ascenso a un nivel superior. Nuestro objetivo era dar de nuevo con galerÃ­as de cueva. Anduvimos dando vueltas por el laberinto hasta darnos cuenta que los conductos nos llevaban al mismo lugar siempre o a sitios ya transitados. Volvimos pues.</p>
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<p>     Hubo una propuesta de pararse a comer y otra de salir a comer cocido en el bar. El cocido del bar La GÃ¡ndara suele estar excelente. Pero cuando iba con Manu enfilao hacia la salida vimos que MoisÃ©s y Susana no venÃ­an detrÃ¡s. Nos paramos un rato hasta que el hambre nos hizo tomar algo de lo que llevÃ¡bamos. Hartos de esperar y un poco intrigados volvimos atrÃ¡s hasta encontrarnos con la pareja. Al mirar, por casualidad, a la izquierda de la galerÃ­a habÃ­an encontrado un importante ramal con hermosas excÃ©ntricas blancas. Nos entretuvimos una hora recorriendo esa galerÃ­a, contemplando las excÃ©ntricas y comiendo algo mÃ¡s.</p>
<p>     Para cuando volvimos a la superficie eran mÃ¡s de las tres y fuimos al bar a tomar cafÃ©s y cervezas. El dueÃ±o nos contÃ³ varias historias. Una sobre cuevas con restos arqueolÃ³gicos a las que se ofreciÃ³ a llevarnos. Otra sobre el origen de las minas: a su parecer eran fundamentales en la producciÃ³n total de plomo para Roma. Dicho plomo, segÃºn algunos historiadores, pudo ser un factor de decadencia fÃ­sica para las clases altas en Roma que lo utilizaban en cubiertos y vasos. Nos mostrÃ³ un antiguo cuchillo de bronce, hierro y asta. Y tambiÃ©n nos invito a una magosta, merienda a base de castaÃ±as asadas, dentro de unos dÃ­as. Y a colaborar en la preservaciÃ³n del castaÃ±ar de Bustablado. Una verdadera mina de tÃ­o. Yo me prometÃ­ a mi mismo un buen cocido dentro de poco&#8230;  </p>
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		<title>LA HUELLA DE MOISÃ‰S</title>
		<link>http://cibertaller.com/scc/2006/09/01/la-huella-de-moises/</link>
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		<pubDate>Fri, 01 Sep 2006 17:23:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>scc</dc:creator>
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		<category><![CDATA[TOPOCRONICAS]]></category>
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		<description><![CDATA[Dada la cantidad de crÃ³nicas con las que nos regala nuestro compeÃ±ero Antonio, he creido conveniente crear una secciÃ³n exclusivamente para Ã©l, en homenaje a su creatividad y a su chachara satÃ­rica y socarrona.. literatura entretenida de la buena &#8220;only for speleologic explorers&#8221;


I.
Mavil aterrizo en Santander el jueves 24/8/2006. El viernes lloviÃ³ bastante y Mavil [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dada la cantidad de crÃ³nicas con las que nos regala nuestro compeÃ±ero Antonio, he creido conveniente crear una secciÃ³n exclusivamente para Ã©l, en homenaje a su creatividad y a su chachara satÃ­rica y socarrona.. literatura entretenida de la buena &#8220;only for speleologic explorers&#8221;</p>
<p><!--adsense#Banner_468x60--></p>
<p><span id="more-350"></span></p>
<p>I.<br />
Mavil aterrizo en Santander el jueves 24/8/2006. El viernes lloviÃ³ bastante y Mavil se dedico a caminar por la ciudad visitando tiendas de deporte y rocÃ³dromos. Por la tarde llamo MoisÃ©s y quedamos en ir a explorar a UdÃ­as/Torca de la Luna Llena. CÃ©sar llego la noche del mismo viernes y tambiÃ©n Manu me llamo para ir de espeleo.  </p>
<p>A la maÃ±ana siguiente cayeron algunos chaparrones agradables mientras Ã­bamos de MonpÃ­a a CabezÃ³n de la Sal en la furgoneta de Manu. Para hacer un poco de tiempo nos fuimos a pasear por el mercado de CabezÃ³n en busca de higos pasos para Manu. Susana vino con MoisÃ©s a pesar de andar malucha. Todos, CÃ©sar en su coche y MoisÃ©s en el suyo, nos encaminamos hacia El Llano. Extendimos todos los cacharros al lado de los coches. VolviÃ³ un tiempo fresco y delicioso. HabÃ­a demasiados cacharros. DudÃ¡bamos entre ir todos por la mina de UdÃ­as o dejar que Mavil, conmigo y CÃ©sar, bajase la torca. La sospecha de que no cupiese por la estrechez del Pozo Graff originaba la duda. Decidimos arriesgar. La cita era en la punta de topo de la GalerÃ­a Sur. Manu, Susana y MoisÃ©s se llevaron el material para instalaciones. Iban cargados como mulas.<br />
Poco tiempo despuÃ©s, ya en la Torca de la Luna Llena, CÃ©sar iba delante, Mavil detrÃ¡s y yo cerrando cuando le preguntÃ© a Mavil si le gustaba la torca. De libro de texto, de manual -me respondiÃ³. Pero no le gusto tanto como para decir que estaba â€œhomologadaâ€ (cuando a Mavil le gusta una cavidad suele adjetivarla como homologada) HabÃ­amos hablado y sopesado tanto el entrar por la torca pensando en el volumen de Mavil que acabo asustÃ¡ndose un poco de la estrechez del Pozo Graff. Se le dio bien y  dijo que no era para tanto. Lo peor fue el manejo del freno del descensor en la zona adiaclasada del pozo. No perdimos tiempo en la Sala Triangular; nos pusimos en marcha hacia el punto mÃ¡s remoto topografiado de la GalerÃ­a Sur. Para preservar la virginidad de la cueva MoisÃ©s nos aviso de pisar por la senda ya establecida. Yo aleccionÃ© durante todo el tiempo a los sorprendidos espeleÃ³logos de que pisÃ¡ramos por la â€œhuella de MoisÃ©sâ€.</p>
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<p>II.<br />
De pronto, cuando ya se hacÃ­a larga la GalerÃ­a Sur, encontramos un papelito con la siguiente oraciÃ³n: â€œtopografiar a partir de aquÃ­â€. Pensamos, por un momento, que acababan de escribirlo para largarse a explorar pero enseguida caÃ­mos en que se habÃ­a escrito durante la anterior visita a la zona. Era extraÃ±o que hubiÃ©ramos llegado a este punto antes que el otro trÃ­o. Ellos habÃ­an entrado por la mina y el recorrido es mÃ¡s directo y con menos dificultades. Al poco, llegaron. MoisÃ©s habÃ­a estado reformando algunas instalaciones en el Pozo Pastelero.<br />
TenÃ­amos entre manos el reparto de tareas pero no habÃ­a demasiada claridad. Sabiendo lo bien que le resultarÃ­a a Mavil aprender a topografÃ­ar pensÃ© que fuera en el grupo de topo; pero parece que topografiar es considerado un castigo por la mayorÃ­a de los espeleologos. Mavil se fue con MoisÃ©s a explorar; CÃ©sar con Susana a topografiar y yo con Manu a bajar los pozos que salpican la GalerÃ­a Sur. Cuando mire el material me di cuenta que una pocilga andaba cerca. MoisÃ©s habÃ­a andado utilizÃ¡ndolo en el Pozo Pastelero. Me costo 15 minutos ordenar un poco lo que iba a usar en el trabajo de instalaciÃ³n y ponÃ©rmelo encima.<br />
El primer pozo, a mano izquierda, estaba a cinco minutos de camino. Instalamos a un gran bloque directamente y fraccione a la pared mÃ¡s sÃ³lida para acercarme al borde, muy roto, del pozo. A medio colocar un segundo fraccionamiento la baterÃ­a empezÃ³ a renquear. ConseguÃ­ acabar a duras penas y tuve la suerte de que la caÃ­da fuera limpia. Abajo encontrÃ© un tapÃ³n de bloques que dejaba un pequeÃ±o hueco por el que se intuÃ­a un estrecho pozo. No habÃ­a soplo o quizÃ¡s era muy dÃ©bil. La impresiÃ³n que me produjo fue que no era camino hacia parte alguna. El segundo pozo, a mano derecha, lo bajamos instalando en naturales que nos vinieron perfectos. Abajo se cerraba casi, aunque habÃ­a un dÃ©bil soplo y era posible desobstruir. El tercer pozo, a mano derecha, era una rampa que acababa en una boca que se acampanaba mÃ¡s abajo. Necesitaba equipamiento de spits o parabolts y no pudimos bajarlo. El cuarto pozo presentaba un curioso aspecto de lapiaz. La caliza blanca estaba carstificada con acanaladuras y puentes de roca. PodÃ­a destreparse sin problemas. Y Manu destrepo hasta una zona obstruida por un bloque que podrÃ­a eliminarse para seguir hacia abajo. Pero cuando fue a subir se perdiÃ³ entre los bloques y entro en crisis. Durante un rato Manu me gritaba que no encontraba la salida y yo le gritaba que veÃ­a todo el itinerario sin problemas. Manu consiguiÃ³ salir. Luego se quedo sin luz de carburo. Avanzamos por la GalerÃ­a Sur, el con la elÃ©ctrica y yo con carburo y leds, en busca de nuevos pozos que bajar.</p>
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<p>III.<br />
Vimos la luz del resto de compaÃ±eros hacer arabescos en el techo de la galerÃ­a. VolvÃ­an con un largo tramo de topografÃ­a en el bolsillo y un buen pedazo de GalerÃ­a Sur explorado (hasta un desfondamiento con un fuerte soplo). MoisÃ©s se sorprendiÃ³ de que la baterÃ­a solo hubiese podido meter dos parabolts. Pero asÃ­ son las cosas. Dos que metÃ­ yo y cuatro o cinco que metiÃ³ Ã©l hacen un total de siete como mucho. No es serio. Algo deberÃ­amos hacer.<br />
Restauramos nuestros equipos de iluminaciÃ³n mal que bien y nos pusimos a la siguiente tarea. A unos cinco minutos de avance, nos contaron, habÃ­a un pozo prometedor. Nos acercamos con una cuerda y cordinos para intentar instalarlo en naturales. Al borde de  la boca del pozo, muy amplia, habÃ­a un gran bloque del que montamos la cabecera. Me acerque al borde pero no encontrÃ© ningÃºn saliente natural y fiable del que colgar el fraccionamiento. Unos treinta metros mÃ¡s abajo observe lo que pudiera ser una rampa de bloques que se hundÃ­a bajo la pared del pozo. Quedo pendiente la exploraciÃ³n.<br />
Hubo un reparto de peso. MoisÃ©s se marcho muy rÃ¡pido hacia el Pozo Pastelero para mejorar la instalaciÃ³n de la cabecera (antes de marcharse detecto las huellas que alguien habÃ­a marcado fuera del sendero; nadie se hizo responsable). Los demÃ¡s fuimos andando, algo rÃ¡pidos, siguiendo a Susana (Mavil decÃ­a que Ã­bamos como flechas) y cuidando de pisar la â€œhuella de MoisÃ©sâ€. Una distancia apreciable nos separaba del Pozo Pastelero y las Ãºnicas paradas que hicimos fueron para esperar a algÃºn rezagado que hubiera podido despistarse. Nos presentamos sudorosos en la cabecera del pozo y tuvimos que esperar un poco a que se arreglasen todas las instalaciones. El descensor de Manu habÃ­a desaparecido. No sabÃ­a si perdido en alguna parada u olvidado en el coche. Ante la situaciÃ³n, y contando con su falta de experiencia con el nudo dinÃ¡mico, le deje mi descensor.<br />
Cuando nos pusimos a caminar por las galerÃ­as de UdÃ­as hubo un acelerÃ³n por parte de Manu que insistÃ­a en querer salir pronto para tomarse una cerveza(Â¡Â¡). Le dije que por pronto que saliera tendrÃ­a que esperar a los demÃ¡s sin cerveza y asÃ­ se calmo. Luego en las cuestas el acelerÃ³n fue mayor. MoisÃ©s, Susana y Manu hicieron su maratÃ³n particular; cuando acabo la cuesta se pararon a esperarnos(Â¡Â¡). Para no caer en los barros movedizos de la salida de la mina alguien habÃ­a extendido una sucesiÃ³n de cajones de plÃ¡stico, abandonados como navÃ­os a la deriva en un mar de fango. </p>
<p>La mierda nos comÃ­a por doquier. Barro pegajoso impregnÃ¡ndolo todo. Las orejas tambiÃ©n. Al final todo el sucio material quedo en poder de MoisÃ©s para su posible utilizaciÃ³n en fechas prÃ³ximas. A continuaciÃ³n vino el tema de las cervezas, cocacolas, refrescos y raciones en el bar La GÃ¡ndara. Empezamos con un par de raciones pero el hambre no se nos calmaba y fuimos pidiendo mÃ¡s raciones. Una cena directamente nos hubiera salido mÃ¡s rentable. En plan vacile el propietario nos dijo que por allÃ­ no solÃ­an venir deportistas Pero cuando supo que Ã©ramos espeleologos -ya se acordaba de nosotros- nos tomo con interÃ©s. Â¿que buscÃ¡is bajo tierra, underground&#8230;?? el sentido de la vida le respondÃ­ -para regocijo de todos los presentes-. CreciÃ³ la locuacidad y la hilaridad. Nos fuimos despuÃ©s de pagar y por el camino la furgoneta de Manu nos regalo un pedazo de mÃºsica rockera. </p>
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