LA HUELLA DE MOISÉS
September 1, 2006 on 5:23 pm | In CRONICAS DEL TOPO, EXPLORACIONES, TOPOCRONICAS, Uncategorized | No hay comentariosDada la cantidad de crónicas con las que nos regala nuestro compeñero Antonio, he creido conveniente crear una sección exclusivamente para él, en homenaje a su creatividad y a su chachara satÃrica y socarrona.. literatura entretenida de la buena “only for speleologic explorers”
I.
Mavil aterrizo en Santander el jueves 24/8/2006. El viernes llovió bastante y Mavil se dedico a caminar por la ciudad visitando tiendas de deporte y rocódromos. Por la tarde llamo Moisés y quedamos en ir a explorar a UdÃas/Torca de la Luna Llena. César llego la noche del mismo viernes y también Manu me llamo para ir de espeleo.
A la mañana siguiente cayeron algunos chaparrones agradables mientras Ãbamos de MonpÃa a Cabezón de la Sal en la furgoneta de Manu. Para hacer un poco de tiempo nos fuimos a pasear por el mercado de Cabezón en busca de higos pasos para Manu. Susana vino con Moisés a pesar de andar malucha. Todos, César en su coche y Moisés en el suyo, nos encaminamos hacia El Llano. Extendimos todos los cacharros al lado de los coches. Volvió un tiempo fresco y delicioso. HabÃa demasiados cacharros. Dudábamos entre ir todos por la mina de UdÃas o dejar que Mavil, conmigo y César, bajase la torca. La sospecha de que no cupiese por la estrechez del Pozo Graff originaba la duda. Decidimos arriesgar. La cita era en la punta de topo de la GalerÃa Sur. Manu, Susana y Moisés se llevaron el material para instalaciones. Iban cargados como mulas.
Poco tiempo después, ya en la Torca de la Luna Llena, César iba delante, Mavil detrás y yo cerrando cuando le pregunté a Mavil si le gustaba la torca. De libro de texto, de manual -me respondió. Pero no le gusto tanto como para decir que estaba “homologada†(cuando a Mavil le gusta una cavidad suele adjetivarla como homologada) HabÃamos hablado y sopesado tanto el entrar por la torca pensando en el volumen de Mavil que acabo asustándose un poco de la estrechez del Pozo Graff. Se le dio bien y dijo que no era para tanto. Lo peor fue el manejo del freno del descensor en la zona adiaclasada del pozo. No perdimos tiempo en la Sala Triangular; nos pusimos en marcha hacia el punto más remoto topografiado de la GalerÃa Sur. Para preservar la virginidad de la cueva Moisés nos aviso de pisar por la senda ya establecida. Yo aleccioné durante todo el tiempo a los sorprendidos espeleólogos de que pisáramos por la “huella de Moisésâ€.
II.
De pronto, cuando ya se hacÃa larga la GalerÃa Sur, encontramos un papelito con la siguiente oración: “topografiar a partir de aquÃâ€. Pensamos, por un momento, que acababan de escribirlo para largarse a explorar pero enseguida caÃmos en que se habÃa escrito durante la anterior visita a la zona. Era extraño que hubiéramos llegado a este punto antes que el otro trÃo. Ellos habÃan entrado por la mina y el recorrido es más directo y con menos dificultades. Al poco, llegaron. Moisés habÃa estado reformando algunas instalaciones en el Pozo Pastelero.
TenÃamos entre manos el reparto de tareas pero no habÃa demasiada claridad. Sabiendo lo bien que le resultarÃa a Mavil aprender a topografÃar pensé que fuera en el grupo de topo; pero parece que topografiar es considerado un castigo por la mayorÃa de los espeleologos. Mavil se fue con Moisés a explorar; César con Susana a topografiar y yo con Manu a bajar los pozos que salpican la GalerÃa Sur. Cuando mire el material me di cuenta que una pocilga andaba cerca. Moisés habÃa andado utilizándolo en el Pozo Pastelero. Me costo 15 minutos ordenar un poco lo que iba a usar en el trabajo de instalación y ponérmelo encima.
El primer pozo, a mano izquierda, estaba a cinco minutos de camino. Instalamos a un gran bloque directamente y fraccione a la pared más sólida para acercarme al borde, muy roto, del pozo. A medio colocar un segundo fraccionamiento la baterÃa empezó a renquear. Conseguà acabar a duras penas y tuve la suerte de que la caÃda fuera limpia. Abajo encontré un tapón de bloques que dejaba un pequeño hueco por el que se intuÃa un estrecho pozo. No habÃa soplo o quizás era muy débil. La impresión que me produjo fue que no era camino hacia parte alguna. El segundo pozo, a mano derecha, lo bajamos instalando en naturales que nos vinieron perfectos. Abajo se cerraba casi, aunque habÃa un débil soplo y era posible desobstruir. El tercer pozo, a mano derecha, era una rampa que acababa en una boca que se acampanaba más abajo. Necesitaba equipamiento de spits o parabolts y no pudimos bajarlo. El cuarto pozo presentaba un curioso aspecto de lapiaz. La caliza blanca estaba carstificada con acanaladuras y puentes de roca. PodÃa destreparse sin problemas. Y Manu destrepo hasta una zona obstruida por un bloque que podrÃa eliminarse para seguir hacia abajo. Pero cuando fue a subir se perdió entre los bloques y entro en crisis. Durante un rato Manu me gritaba que no encontraba la salida y yo le gritaba que veÃa todo el itinerario sin problemas. Manu consiguió salir. Luego se quedo sin luz de carburo. Avanzamos por la GalerÃa Sur, el con la eléctrica y yo con carburo y leds, en busca de nuevos pozos que bajar.
III.
Vimos la luz del resto de compañeros hacer arabescos en el techo de la galerÃa. VolvÃan con un largo tramo de topografÃa en el bolsillo y un buen pedazo de GalerÃa Sur explorado (hasta un desfondamiento con un fuerte soplo). Moisés se sorprendió de que la baterÃa solo hubiese podido meter dos parabolts. Pero asà son las cosas. Dos que metà yo y cuatro o cinco que metió él hacen un total de siete como mucho. No es serio. Algo deberÃamos hacer.
Restauramos nuestros equipos de iluminación mal que bien y nos pusimos a la siguiente tarea. A unos cinco minutos de avance, nos contaron, habÃa un pozo prometedor. Nos acercamos con una cuerda y cordinos para intentar instalarlo en naturales. Al borde de la boca del pozo, muy amplia, habÃa un gran bloque del que montamos la cabecera. Me acerque al borde pero no encontré ningún saliente natural y fiable del que colgar el fraccionamiento. Unos treinta metros más abajo observe lo que pudiera ser una rampa de bloques que se hundÃa bajo la pared del pozo. Quedo pendiente la exploración.
Hubo un reparto de peso. Moisés se marcho muy rápido hacia el Pozo Pastelero para mejorar la instalación de la cabecera (antes de marcharse detecto las huellas que alguien habÃa marcado fuera del sendero; nadie se hizo responsable). Los demás fuimos andando, algo rápidos, siguiendo a Susana (Mavil decÃa que Ãbamos como flechas) y cuidando de pisar la “huella de Moisésâ€. Una distancia apreciable nos separaba del Pozo Pastelero y las únicas paradas que hicimos fueron para esperar a algún rezagado que hubiera podido despistarse. Nos presentamos sudorosos en la cabecera del pozo y tuvimos que esperar un poco a que se arreglasen todas las instalaciones. El descensor de Manu habÃa desaparecido. No sabÃa si perdido en alguna parada u olvidado en el coche. Ante la situación, y contando con su falta de experiencia con el nudo dinámico, le deje mi descensor.
Cuando nos pusimos a caminar por las galerÃas de UdÃas hubo un acelerón por parte de Manu que insistÃa en querer salir pronto para tomarse una cerveza(¡¡). Le dije que por pronto que saliera tendrÃa que esperar a los demás sin cerveza y asà se calmo. Luego en las cuestas el acelerón fue mayor. Moisés, Susana y Manu hicieron su maratón particular; cuando acabo la cuesta se pararon a esperarnos(¡¡). Para no caer en los barros movedizos de la salida de la mina alguien habÃa extendido una sucesión de cajones de plástico, abandonados como navÃos a la deriva en un mar de fango.
La mierda nos comÃa por doquier. Barro pegajoso impregnándolo todo. Las orejas también. Al final todo el sucio material quedo en poder de Moisés para su posible utilización en fechas próximas. A continuación vino el tema de las cervezas, cocacolas, refrescos y raciones en el bar La Gándara. Empezamos con un par de raciones pero el hambre no se nos calmaba y fuimos pidiendo más raciones. Una cena directamente nos hubiera salido más rentable. En plan vacile el propietario nos dijo que por allà no solÃan venir deportistas Pero cuando supo que éramos espeleologos -ya se acordaba de nosotros- nos tomo con interés. ¿que buscáis bajo tierra, underground…?? el sentido de la vida le respondà -para regocijo de todos los presentes-. Creció la locuacidad y la hilaridad. Nos fuimos después de pagar y por el camino la furgoneta de Manu nos regalo un pedazo de música rockera.
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